domingo, 13 de agosto de 2017

Viaje en el tiempo



Viajar en el tiempo es tal vez la más recurrente idea de la ciencia ficción. Algunos piensan en viajar al futuro, la mayoría, otros sueñan con trasladarse al pasado, y así, cada autor se imagina diferentes situaciones y aunque no todos logran ser originales ni convincentes, hay varios que sí lo han conseguido.
El mérito de Herbert George Wells es haber sido uno de los pioneros en el tema, si no el primero, con su libro La Máquina del Tiempo, The Time Machine, llevada al cine con bastante fidelidad en el año 1960. La película protagonizada por Rod Taylor fue una de las más impactantes de esa época, aunque los efectos especiales eran pocos y rudimentarios, la ingenuidad del espectador suplía con creces esas deficiencias. El cine antiguo tenía una profundidad que no logran los filmes nuevos; a pesar de tanta tecnología disponible, pocas veces pasan de lo meramente visual; o tal vez se deba a que el público, más acostumbrado al cine, ya no es inocente como el de antes.

Si pudiera realizarse, mi viaje en el tiempo sería al pasado, al menos eso fue lo que siempre quise, soñaba con aparecer en el imperio incaico antes de la llegada de Cristóbal Colón y Francisco Pizarro, y advertir a los incas del inminente peligro, convencerlos de que era necesario un entrenamiento adecuado, una estrategia y tácticas a la altura de lo que les esperaba. Contarles los miedos y debilidades que tenían los conquistadores, sus atroces intenciones, las mentiras que les vendrían a contar.
Imaginaba un triunfo del Incanato sobre los aventureros españoles, aquellos apoyados por todos los otros pueblos, idílica unión de aborígenes contra invasores, unión que no se dio y que no se ha dado ni se dará nunca, tal como lo estamos viendo, sobre todo en estos días. Abundan los Felipillos, los Martín Lengua, las Malinches...  No... está muy difícil, mejor cambio de tiempo.

Voy al año 32 de esta era y me encuentro con Jesús y sus doce apóstoles, conmigo serían trece porque de alguna forma me uniría al grupo, y como Jesús era tan buena gente, no me iba a botar. Con Él seríamos catorce en la mesa para ahuyentar la mala suerte. Y ¿para qué? si su misión estaba decidida de antemano... tal vez trataría e convencer a Judas de que no joda, pero sería inútil... la crucifixión estaba decidida.


A 1912, a ver si de alguna forma evitaba la desgracia del transatlántico Titanic... difícil, se les decía y no te hacían caso; o a 1816 para tratar de hacer lo mismo con la famosa embarcación francesa, una fragata llamada La Medusa, que encalló por irresponsabilidad de su capitán y generó una de las tragedias marítimas más horrorosas de todos los tiempos, con desesperación, asesinatos, canibalismo y locura. Pensándolo bien, como no me iban a dar ni una pizca de atención, lo de los barcos ya no me importa tanto, total... ya pasó.


No creo que se pueda hacer nada. Quien sabe si el viaje en sí mismo sería la parte menos complicada del problema (se dice que teóricamente es posible pero no se sabe ni por dónde empezar) porque convencer a la gente de lo que le conviene siempre será la tarea más ardua. No se necesitaría viajar en el tiempo. Imagínense que aparezca un hombre del futuro trayendo un mensaje urgente e importante para salvar el planeta: Dejen de contaminar - nos diría - dejen de desperdiciar lo que la tierra da porque luego les va a faltar, dejen de fabricar armas de todas clases, grandes y chicas - seguro que le haríamos caso...  lo recibiríamos con toda seriedad y comenzaríamos de inmediato a planificar el futuro como debe ser, total, tecnología tenemos de sobra.
¡Pero no! Nadie le daría bola, y es más, se burlarían de él antes de eliminarlo de la forma menos comprometedora, para evitar cualquier reacción a favor de sus ideas. ¿Cómo? - Tal como vienen haciéndolo desde hace mucho tiempo: con la distracción y la mentira, dos poderosas armas que dan muy buenos resultados, si no me creen, vean cómo estamos.


No hace falta viajar al futuro para ver en qué terminaremos. Ni para convencernos que no hay remedio mientras sigamos siendo tan necios.



Viajar en el tiempo

 
¿Quiere viajar en el tiempo?
Pase usted y tome asiento
que aquí le voy a mostrar
lo que no pensó encontrar;

para ver la edad de piedra
no hace falta caminar
largo trecho y observar
a unos pobres come... hierba,

nada tienen, nada saben,
la esperanza ni ha nacido
en su rincón renegrido
donde su miseria cabe;

estás, sin ninguna duda,
en la misma pre-historia,
a ver, cúbrete de gloria
obsequiándoles tu ayuda.
~



¿No te gusta? - no hay problema,
tal vez en la edad antigua,
tan humilde y hasta exigua
puedas cambiar el sistema;

tú, muy culto y preparado
junto a esos ignorantes
será difícil que aguantes
y hasta serás torturado.
~



Vayamos a la edad media,
llamada el oscurantismo,
y verás que hoy es lo mismo:
como una tragicomedia...

creen cosas imposibles,
aceptan estupideces,
bastante se nos parecen
esos pobres infelices,

a ellos se les disculpa
por su vida tan precaria,
mas nuestra era binaria
un agravante resulta.
~



Después, en la edad moderna,
un hermoso despertar
que nos viene a iluminar
con su conclusión fraterna,

que solo fue blablablá,
pues si a criticar atinas
te aplican la guillotina
como a cualquier contumaz,

no consiguió la igualdad
la gala revolución,
porque ciega a la razón
la esclavitud siguió igual,
~



Y llegamos a la nuestra
que es la edad contemporánea,
el nombre no dice nada
más que es actual y que apesta,

habrá de ser re nombrada
desde otra perspectiva,
tal vez edad destructiva,
del absurdo o de la nada.

Ya ves temporal viajero,
todo esfuerzo será inútil,
encadenado a lo fútil
esperar en paz prefiero.
~
  • Prehistoria desde la existencia del hombre hasta invención de la escritura (o las primeras civilizaciones): 3300 A. C.
  • Edad Antigua hasta 476, caída del Imperio Romano de Occidente.
  • Edad Media hasta 1453, caída del Imperio Romano de Oriente.
  • Edad Moderna hasta 1789, comienzo de la Revolución Francesa.
  • Edad Contemporánea desde 1789. 


domingo, 6 de agosto de 2017

Preludio, acercamiento, Introducción, desarrollo, conclusión y retirada.


El maestro



(Fragmento de "Manual para Manuel", obra inédita inconclusa; en perenne preparación.)


Preludio.

Es lo que acontece antes, porque si fuera después se llamaría final, conclusión o epílogo. El preludio puede ser cualquier cosa, desde ceder el lugar en la fila hasta dar un pisotón en un delicado pie, pasando por todas las circunstancias que se les ocurra. Algunos preludios pueden parecer catastróficos, pareciendo que no llevarán a nada bueno, y sin embargo, encauzando los acontecimientos, pueden llegar a buen puerto; y viceversa, un buen inicio puede transformarse en un desastre si no se sabe acomodar los tiempos y las cosas. Las cosas se verán después, a su debido tiempo, y los tiempos serán desarrollados de acuerdo a las dimensiones y comportamiento de la cosa (o cosas).

Acercamiento.

Es indudable que si pretendemos una introducción, la distancia hasta el objetivo debe ser recorrida y transitada; esto será así hasta que se invente el tele-transportador o la cosa portátil, que ya hay pero no sustituye a la natural. Por lo cual no será posible ninguna introducción si se está lejos o separado del objeto, lugar o elemento a ser tratado. Acércate pues Manuel, con optimismo contagioso (el optimismo debe ser lo único contagioso en estos casos), tratando de transmitir tu alborozo y tu buena disposición a la parte complementaria. Notarás, Manuel, que no digo parte contraria ni contraparte: hazlo con alegría, Manuel. Entonces el acercamiento es justamente éso: acercarse.

Introducción. 

(Falta un fragmento) ...te decía Manuel, que la introducción debe ser ingeniosa, fina; en lo posible estructurada especialmente para la persona a la cual dedicas tu esmero. No seas serial, no se trata de meter por meter... el tema, hay que lograr que quien lo reciba sepa apreciarlo, ansíe tenerlo y degustarlo, en pocas palabras, que quiera que estés y continúes estando.

Desarrollo.

El desarrollo es sin duda la parte más importante del asunto, es allí donde mostrarás tu valor y tu valer, donde se verá qué tan merecedor eres de que se continúe aceptando tu obsequio y que seas apreciado posteriormente y hasta, por qué no, solicitado repetidas veces. Esfuérzate, Manuel, hazlo con ganas.

Conclusión.

La conclusión, aunque pueda parecer contradictorio, no es necesariamente el final de tu labor; no se concluye así como así, no, Manuel, la conclusión es todo un arte, se debe llegar a ella en el momento preciso, ni antes ni después; no antes porque faltará desarrollo, obviamente, y no se aprovechará en su totalidad lo que apresuradamente dedicas; tampoco después, porque si ya está lograda la meta propuesta, es de mal gusto insistir en lo que ya a nadie importa. Concluye pues, sabiamente, en el preciso momento. La conclusión es justamente el clímax de tu esfuerzo, y si la haces en el momento justo, serás merecedor de todos los halagos, no así si concluyes fuera de tiempo; ni qué decir fuera de lugar (salvo previo acuerdo); en ese caso serás merecedor de abundantes y odiosos adjetivos.

Retirada.

Y por último, la retirada. No es tampoco cualquier cosa, hay que tener bastante cuidado para no echar a perder una faena impecable solamente por no saber retirarse con elegancia, con gracia y con delicadeza. Exactamente es así como se sale; pensando que tal vez puedas, quieras o tengas que regresar; y no diré que es solo como se extrae aquello sino como se retira uno del escenario; como ves, Manuel, sacar y salir, aunque se confunden, no son sinónimos, nunca lo fueron y nadie dijo que lo fueran; se prudente entonces, y asegúrate de apartarlo correctamente y retirarte en consecuencia, cuando y como corresponda. Tampoco esperes que te boten.




Dos Sonetos completos



I
Con tanto afán te lo explico
esperando que lo logres,
no creo que lo malogres
después de lo que te he dicho:

sigue nomás derechito
los consejos de esta hoja
y verás, oh paradoja,
que al final queda marchito.

Pero no será un fracaso
ni faltará mano de obra,
aunque sea un bien escaso,

ahorra lo que hoy te sobra
y no te hagas el payaso,
que al final, todo se cobra.



II
Esmérate pues Manuel,
para eso está el manual,
y no seas animal:
escoge bien el motel;

porque si una garrapata,
piojo, liendre o jarachupa
se te suben por la grupa,
habrás metido la pata;

deberás ser cuidadoso,
sin llegar a los extremos
que son siempre molestosos;

por eso no nos burlemos
de ningún menesteroso,
que el mismo riesgo corremos.
 ~

domingo, 30 de julio de 2017

Una Tarde con mi Nieto






- ¡Abuelo!

Es la voz de mi nieto que pronuncia esa palabra mágica: abuelo. Me hace sentir mejor, más de lo que era antes, casi un súper hombre... y pensar que al comienzo no soportaba la idea de ser llamado de esa manera; es que no es lo mismo que cualquiera te diga abuelo, a que lo haga tu nieto. Es otra cosa.

- ¡Abuelo, vamos a jugar con los incas y españoles!

Tengo un juego de ajedrez cuyas piezas representan a ambos bandos de la histórica lucha por la conquista del antiguo Perú, o del Imperio Incaico para ser más preciso.
Mi nieto tiene siete años, es muy inteligente y además ha estado recibiendo clases de ajedrez, esto último lo supe después del segundo Jaque Mate que me hizo en dos partidas consecutivas. Se supone que el abuelo debe ganar al nieto, menos mal que tiene un carácter amable y ligero que suaviza la derrota, además… pensé que su triunfo de alguna manera es también mío… si es mi nieto, pues, inteligente como su abuelo… no es necesario profundizar demasiado en el tema. Opté por reivindicarme logrando alguna hazaña digna de un verdadero abuelo. Cambiar de escenario se hacía imprescindible.

- Ahora vamos a hacer volar una cometa ¿Quieres?

- ¡Sí, vamos!

Le mostré la cometa que había hecho, la cual hubiera querido hacer con él pero esos días no vino a casa.

- ¡Qué cometa más extraña!

- ¿Te gusta?

La examinó, como probando su resistencia y propiedades aerodinámicas. Sus ojos brillaban de emoción y mi ego se hinchaba disputándole el espacio a la ternura que me llenaba el corazón… ¡cómo se pone uno con los nietos!... no se puede creer.

- Sí, me gusta – respondió con esa sinceridad que sólo los niños tienen.

En menos de diez minutos ya estábamos cerca del lago, junto al cual hay grandes espacios donde correr y elevar el barrilete de totora y papel hecho al viejo estilo, con papel de despacho y la cola de trapos amarrados. No éramos nosotros los únicos que teníamos una cometa – era agosto y el lugar estaba lleno de niños con cometas – aunque ninguna comparable a la nuestra. Eran todas cometas de colores, la mayoría de plástico, coloridas, tal vez mejores en apariencia, compradas en cualquier esquina por un precio razonable, lo adivino; pero la gracia de esta actividad no está sólo en hacer volar la cometa sino en construirla uno mismo, y mi nieto estaba feliz, por lo menos en tamaño no cabía duda que ganábamos, tenía casi un metro de alto. Verme a mí entre niños y señoras me parecía un extraño fenómeno antropológico digno de un estudio más detallado.

- Abuelo... nuestra cometa es extraña...

- ¿Rústica?

- ¿Qué es rústica?

- Algo así como primitiva... hecha con materiales simples.

- Si... es rústica. Me gusta.

Ya se habían juntado como veinte personas alrededor, chicos y no tan chicos, atraídos por el raro aspecto de nuestra cometa. Mi nieto la sostuvo como le indiqué pero en pocos segundos mi fabricación de totora se puso a cabecear, enloquecida por el viento; temí que se estrellara contra el suelo y se rompiera antes de poder elevarla. Felizmente logramos atraparla.

- Le falta cola – dictaminé sabihondo, mientras sacaba más trapos de los bolsillos de mi casaca.

Todos miraban atentos, era una novedad no vista antes por ese público infantil. Anudé unos trapos más a la cola y repetimos la operación de despegue. Mi nietecito, emocionado, participaba, y yo con el alma en suspenso rogaba que todo saliera como tenía que ser.
Al fin la cometa despegó airosa, fue un éxito, tanto más meritorio porque en los últimos treinta años no hacía ni volaba una cometa. Él sujetaba el cordel con bastante destreza, ayudado por mí de vez en cuando, y hasta permitimos a algunos niños darse el gusto de tenerla por unos momentos, mientras la diminuta forma del barrilete se dibujaba cada vez más pequeña contra el cielo azul. Se veía oscura y lejana. Causaba asombro en los niños.
La concentración de los pequeños en cualquier asunto no dura mucho, cuando la novedad de la cometa pasó a segundo plano y mientras yo me encargaba de mantenerla elevada, tirando o soltando el hilo según las condiciones lo requerían, mi nieto se alejó, un poco distraído, pero siempre dentro de mi campo visual, por supuesto, de lo contrario su padre no lo vuelve a dejar solo conmigo.
En eso andábamos, él explorando y yo manejando el hilo, cuando lo vi venir rápidamente hacia mí. Traía algo en la mano.

- Abuelo, mira…

Me alcanzó una billetera negra que yo tomé en seguida y me dispuse a bajar la cometa para examinarla con atención. No se veía a nadie que pudiera ser el dueño, algún hombre buscándola, nada… Una vez recogida la cometa nos dirigimos a mi automóvil estacionado allí cerca; no quería revisar la billetera en espacio abierto, quién sabe por qué, es mejor ser precavido, no sea que alguien estuviera observando y viniera a reclamar lo que no era suyo. La billetera estaba muy cargada, se notaba voluminosa y apenas si cerraba.
Me llevé una sorpresa al abrirla. Con cierto alivio vi que contenía sólo papelitos y cartulinas con dibujos… nada de dinero ni identificación alguna, mi nieto observaba y al notar mi desconcierto me la pidió para verla. Se la di y él procedió a examinarla.

- Es de algún niño – aseguró con certeza.

- ¡Claro! ¡Cómo no lo pensé antes!

- Tiene dibujos de Cars y varios transformers de…

Enumeraba nombres de objetos y personajes para mí desconocidos, pero con una emoción que me hizo preguntarle si le parecía que el contenido era valioso.

- ¡Sí! ¡Mucho!

- ¿Qué hacemos?

- Vamos a buscar al niño.

- Pero no sabemos cuál es… ¿crees que podrás hallarlo?

- Sí… debe tener cara de perro castigado…

- ¿Perro castigado? ¿Por qué?

- Porque perdió sus dibujos, pues… me aclaró como si se tratara de algo obvio.

Supuse que su comparación se basaría en alguna asociación de ideas bastante particular, pero me interesaba más ver qué táctica usaría mi nieto para hallar al dueño.
Había cambiado el objetivo, ya no buscábamos un hombre sino un niño; por el tipo de billetera y su contenido habíamos descartado que se tratara de una niña. Salimos del auto, el pequeño detective trataba de hallar al propietario.
Iba de niño en niño observando sus rostros, sin mayor disimulo. Algunas madres – que era lo que más se veía aparte de los niños – nos miraban intrigadas, mientras yo, con mi mejor cara de abuelo, saludaba sonriente.
Bajo un árbol estaban sentados algunos niños, sentados es un decir porque eran tan inquietos que por momentos se levantaban, se echaban, se movían adoptando formas que ya quisiera yo para una sesión de yoga.
Claramente se burlaban de uno de ellos y lo llamaban mentiroso.

- ¡Star Ranger X Uno nadie tiene! - algo así alcancé a descifrar.

Mientras centraba mi atención en los chicuelos me distraje un poco de mi nieto, entonces vi sumarse un niño más al grupo, que con aplomo y seguridad se dirigió a todos.

- ¡Si lo tiene! - Dijo el recién llegado mientras le alcanzaba alguna cosa al niño que era blanco de los reclamos.

Me acomodé los anteojos… era mi nieto que había encontrado al dueño de la billetera: un niño más o menos de su misma edad, de quien acertadamente se podría decir que tenía una expresión muy triste, digamos que de... ¿perro castigado? - Creo que sí - pero ya el rostro se le había iluminado de alegría al ver el objeto que daba por perdido. Esperé unos instantes, observando cómo los niños se relacionan de manera natural y espontánea, con una facilidad que asombra y que nos hace sentir orgullosos de nuestra condición de gente, de seres humanos. El mundo sería mucho mejor si no perdiéramos la empatía con los demás, el poder sentir lo que siente el otro, identificarse con las penas y las alegrías ajenas. Como los niños. Depende bastante de nosotros preservarles esas cualidades.
Regresamos a casa, mi nieto estaba satisfecho por el éxito en su búsqueda y yo admirado de la simple e inocente grandeza que puede caber en un niño.

FIN

domingo, 23 de julio de 2017

Eso que tienen en la cabeza

Trabajo de Investigación.
Mirándolo


Estaba mirándolos, como cualquier otro día; en esa especie de pasatiempo despreocupado en que ingresa uno casi sin darse cuenta.
Pasó uno, se detuvo un instante y pude hacer alguna ligera observación: parecía medio caído, casi como colgado... pero por lo demás estaba bastante bien, digamos que si se terminaba de caer no faltarían voluntarios para volverlo a levantar. Muy pequeño inconveniente; nada que no se pudiera solucionar con un buen par de tacones altos y alguna prenda que sostenga y apriete donde corresponde; cosas que inventaron los hombres para mejorar el aspecto de las mujeres y que al final, cual filme de suspense, terminó volviéndose contra sus creadores para torturarlos con ese nada inocente producto surgido de tales artilugios. El que la hace la paga, y en este caso la pagan hasta quienes no la hicieron, o sea que desde esa lógica, es mejor hacerlo que dejarlo de hacer, porque al final la culpa y la penitencia serán las mismas, por lo tanto, lqqd (lo que queda demostrado) es que hacer siempre será mejor que no hacer... entonces ¡Abajo los pusilánimes!

- Hay quienes sin ser pusilánimes también quieren estar abajo.

- Si, pero a pesar que hablamos de lo mismo, se trata de cosas diferentes; si usted no lo entiende, lo entenderán los lectores del blog, que a estas alturas ya están más que capacitados para hacerlo.

Luego pasó otro... ese si no tenía nada de qué reclamar. Era perfecto. Y en esta materia la perfección nada tiene que ver con la utilidad, menos aún con la función. Es arte puro. Es aquí donde la ética, la estética y hasta la colaboración sintética se funden armoniosamente logrando forma, volumen y movimientos extraordinarios.
Siempre quise escribir un tratado sobre eso, pero cada vez que lo intento me veo interrumpido por su magnífica presencia, que en este caso, en lugar de servir de inspiración, te quita la poca o mucha que tenías y te deja en un estado de ánimo perplejo y desolado, como huérfano de redondez; porque siempre se van, nunca vienen; se mueven siempre hacia lontananza, en un constante alejamiento; como las galaxias, que se distancian perpetuamente del centro o punto de mira, sea éste cual fuere.
¿Cuál es el centro? - El centro soy yo, eres tú, es él, ellos, vosotros y los otros... todo macho que camina o que se sienta, que se apoya o que se acuesta; cada cual es el centro de su propio universo conteniendo esos elementos que en constante fuga, van dejando tras de si una estela de angustia, congoja y emociones varias que todos conocemos y/o sentimos alguna vez. Eso siempre y cuando su poder de atracción no nos arrastre tras alguno o algunos de ellos sacándonos de nuestra correspondiente órbita para transformarnos en desordenados meteoros, errantes cometas o predecibles y monótonos planetas. Dejemos la astronomía y volvamos al asunto que nos ocupa y nos preocupa, porque si seguimos mirando hacia arriba nos vamos a perder los mejores ejemplares que continúan desfilando, sin prisa y sin pausa. Hay que estar atentos, señores, que esta investigación es trabajo serio.
Y otro más... no dejan de pasar ¡cómo abundan! también éste se aleja, porque ese es su destino, por algo está detrás y no adelante, y el mundo está lleno de ellos; a no ser que vivas en el Tíbet donde según cuenta la leyenda, van completamente cubiertos con superpuestas, gruesas y holgadas vestimentas que ni adivinar permiten la forma o la ubicación del mismo, ya sea propio o ajeno. Es que allí hace más frío que en Huancavelica... qué digo Huancavelica, allí todavía se aprecian, será en Cerro de Pasco...

- No señor, yo he visto uno allá, cerca del campamento minero, y estaba no solo bueno y apetecible, sino que...

- Bueno, bueno, le creo... esta página no es para morbosidades, contrólese, oiga usted.

O sea que es universal como la vida misma. A estas alturas no habrá nadie que no sepa de qué estamos hablando, o escribiendo, y aprovecho para llamar la atención sobre un hecho comprobable: no lo he mencionado... entonces ¿qué tienen ustedes en la cabeza? Éso, qué más pues.




No lo dije


No recurro a alegorías
ni a cosas disfrazadas.
y tal cual lo suponía
está bajo la frazada.

Si no lo adivina usted,
será el único perdido,
porque todos lo han sabido
desde que esto comencé.

Díganme qué tanto miran
si son todos parecidos;
algunos van más ceñidos
y por eso los admiran,

pero si alguno va flojo
debajo de airado lienzo,
será cierto lo que pienso,
igual les provoca antojo.

¡Pero qué barbaridad!
como sea que transite,
ya lo ven como un invite
a tenerlo en soledad.

Es que media humanidad
se pasa pendiente de eso,
y tiene perdido el seso
en esa sinuosidad,

mientras la otra mitad
que sabe bien lo que tiene,
de mostrarlo no se abstiene;
no hay decoro ni piedad.

Tamaña protuberancia
los llena de confusión,
la examinan de un tirón
y sienten que ya es ganancia.
~

domingo, 16 de julio de 2017

La otra viuda

Cuento ingenuamente inverosímil


Capilla ardiente



El muerto yacía en la capilla ardiente. Enormes cirios rodeaban su fastuoso ataúd con impresionantes adornos dorados entre los que sobresalía el escudo familiar. No cabía duda, había sido un hombre poderoso y rico, y como todos (a menos que se invente algo)  debía marcharse de este mundo sin llevar nada. Dejaba una enorme fortuna.
Veamos a los deudos.
Una mujer mayor, aparentemente la ex-esposa, y unos cuantos hombres y mujeres de mediana edad; los hijos. Ninguno llora, se ven más enojados que tristes y si miran hacia donde está el difunto es por causa de una joven de riguroso luto que llora desconsoladamente, aunque con circunspección y recato, muy cerca del féretro. Lo toca y casi lo acaricia con ambas manos. Las lágrimas corren por sus mejillas constantemente, casi no se oye el llanto; a veces suspira y continúa otra vez su doloroso ritual.
Cada una de las lágrimas de esa mujer tiene un desagradable efecto entre los otros familiares del muerto. La odian. Cada gota que resbala por su rostro alimenta más aún el rencor y la amargura que habita en en ellos desde hace cinco años.
La ex esposa recuerda con amargura el trámite del divorcio. Consiguió todo lo que quiso de ese hombre al que quizás alguna vez amó; no recordaba mucho esos tiempos pasados; recordaba lo más reciente: el desorden de su vida y la de sus hijos; la fácil dilapidación de lo recibido... lo cual cancelaba todos los futuros reclamos a los que podría tener derecho. Los hijos estaban en parecida situación... adelánteme la herencia, viejo; había sido la frase más oída por el difunto de parte de ellos, de todos. No se podía hacer ninguna excepción.
Qué velorio más triste era este para toda la familia, y encima sin una herencia que compense tanto dolor, todo por culpa de esa desgraciada que apareció al final de su vida para embaucarlo, para aprovecharse del viejo estúpido... seguro finge el llanto... qué actriz de mala muerte es la maldita prostituta que nos jodió la vida; pero es que el viejo era un idiota, siempre lo fue ¡Qué serpiente astuta! ahora se hace a la muy sufrida la hija de puta; estará feliz... si es ella la que se va a quedar con todo... y lo sabe; maldita la hora en que se apareció por mi vida, o por la vida del pobre imbécil de mi marido, claro, es mi marido, esta zorra muerta de hambre me lo quitó, por qué serán tan imbéciles los hombres, y de viejos se ponen todavía más estúpidos... ¡Cómo no se daba cuenta que esta arpía hija de mil putas solo estaba con él por su dinero, nada más esperando su muerte! seguro tiene un macho escondido por allí, no se lo pude descubrir para joderla pero tiene que haber otro hombre... ¡Dios mío, no permitas que esta ramera se salga con la suya... Dios mío...! lo consiguió... no hay duda... ojalá se muera la maldita antes de disfrutar de un solo centavo del estúpido de mi marido... la odio, lo odio... ¡Que se pudra en el infierno!
La joven viuda abrazó el ataúd; una parte, claro, porque el cajón era enorme; luego se arrodilló y casi besando el piso dejó que sus largos cabellos oscuros se esparcieran un momento sobre el piso. Al levantarse se secó las lágrimas una vez más y ante la mirada atónita y expectante de todos los presentes, se dirigió rectamente hacia la ex mujer y los hijos del que fuera su marido; todos sabían que ella era la última esposa y única heredera. Caminó con paso firme, la cabeza erguida, sus bellos ojos todavía húmedos tenían una mirada de natural nobleza y superioridad sin vestigio de soberbia. Extrajo un sobre de su cartera y se lo extendió a esa que la miraba con odio. Titubeó la mujer madura, insistió la joven y al fin aquella recibió el sobre. La joven se marchó en silencio. Una calma pesada como un plomo cayó sobre el recinto.
El sobre le quemaba las manos a la señora, no pudo contener la curiosidad y lo abrió allí mismo con mal disimulada urgencia: contenía un documento por el cual la legítima esposa y heredera universal del difunto, le cedía totalmente los derechos a la herencia.
No sabemos si la beneficiaria sintió, además de la codiciosa alegría, algún asomo de vergüenza. Tal vez no... eso ya no se usa, solía decir la susodicha en sus charlas entre amigas.
~