sábado, 31 de julio de 2021
ODIO Y PREJUICIO
martes, 1 de junio de 2021
Reflexiones electorales y más
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| Pedro Castillo y Keiko Fujimori |
Estas elecciones para presidente en Perú han tomado un aspecto extremo y por lo mismo interesante y digno de atención. No sé si por el solo efecto del azar o si ha habido algún tipo de manipulación de votos en la primera vuelta, pero el hecho es que han quedado dos candidatos que no se esperaba que pasaran a la segunda vuelta. Pedro Castillo y Keiko Fujimori. Este espacio no es para hacer grandes descripciones de los candidatos, baste decir que uno representa la izquierda y el pueblo y la otra la derecha y las élites. El rechazo hacia Fujimori es tal, que según todas las encuestas, ella perdería contra cualquier candidato en segunda vuelta, menos con Castillo. Ese era el único al que supuestamente podría ganarle, y ahora, a cuatro días de las elecciones, parece que puede ganar el candidato del pueblo, ese que nadie se esperaba, Pedro Castillo, el cholo, y de ahí mi reflexión de lo que sucede.
REACCIONES AL DEBATE
Les gustaba el cholito mascota, el cholito como parte del paisaje, el cholito para sacarle fotos en la puna, en las ruinas o en la feria; no les gusta que el cholo sea gente como todos, el cholo que no agradezca el buen trato que le dan como limosna, no porque lo merezca como todo ser humano sino porque el patrón es bueno. Me dan asco y vergüenza. Y no me reclamen el por qué de mi odio. Odio esa hipocresía, odio ese carga montón que le hacen al hombre que se atrevió a ser candidato sin la bendición de nadie, ese bullyng cobarde y ese desprecio sustentado por el complejo de sentirse más y mejores que el cholo.
Los errores del pituco no son errores, los del cholo sí y además imperdonables. Los errores del bacán hasta se copian, los errores del cholo se condenan.
Reventó el chupo del racismo acomplejado, cholos contra cholos, unos que aprendieron a hacerse a los no cholos, otros perdidos entre esa confusión y muchos más que ya no quieren imitar al otro para ser aceptados en una sociedad que los desprecia, una sociedad injusta y por eso mismo condenada a desaparecer o transformarse. Lo que recién va a empezar.
Hemos visto un debate a medias, donde una psicópata provocaba y despreciaba al cholo que tuvo el atrevimiento de levantar la cabeza sin pedir permiso a los patrones; le cambiaba el apellido, le ponía apodos y lo calumniaba, mientras el hombre resistía sereno a las agresiones sin responder los agravios, lo que enfureció más a la agresora mentirosa que veía fracasar su táctica matonesca y deshonesta como es todo en ella.
A la candidata identificada con los que quieren un Perú excluyente no se le critica nada, al hombre humilde que por un asombroso triunfo de la voluntad está donde está, se le critica hasta el modo de existir.
No se le perdona nada, es cierto que se equivoca, pero la saña es total y exagerada, y a sus errores se le suman apreciaciones muy sesgadas con las que los discriminadores están de acuerdo de manera automática. Tienen códigos que excluyen al cholo y lo condenan de antemano, basados en la imperdonable culpa de un hablar característico, de una vestimenta o de unos rasgos que detestan y quisieran no tener que ver jamás, aunque muchas veces se asoman tercamente en sus espejos.
Me cuestionan algunos que cómo es posible que yo, “tan culto e inteligente”, pueda apoyar a ese ignorante, pero lo que de verdad me cuestionan es que cómo yo, que no soy cholo, no esté con ellos y defienda el otro lado. Esos son con los que no quiero estar, no puedo estar; a los que no quiero apoyar, no me gusta y no comparto su idea de lo que debe ser el Perú. Ellos quisieran que el Perú fuera otra cosa y no lo que tiene que ser.
Piensan que el cholo en la chacra está bien... pero en la presidencia, jamás.
No es al comunismo al que le temen, es al hecho que la masa popular se autodefina, se represente y se maneje a sí misma. Qué atrevimiento, pero está llegando la hora.
Si no es Castillo será otro semejante.
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domingo, 30 de mayo de 2021
El límite de la dignidad
No sé si este título sea el más adecuado para lo que quiero comentar, me refiero a que hay gente, quién sabe si no somos todos iguales, que le pone un límite a su dignidad. Por ejemplo, hasta qué cantidad de dinero puede uno rechazar a cambio de venderse; qué tan buena posición debe tener ese pretendiente grosero o desagradable para ser considerado conveniente; qué tanto miedo se ha de tener para abandonar los principios o qué tan justa consideramos una causa para permitirnos hacer trampas para lograrla, utilizando la mentira, la calumnia y hasta la injusticia.
Eso se ve en todas partes, personas que dicen defender causas loables, nobles, pero que para ello no dudan en recurrir a cualquier artimaña indigna, aún a sabiendas, porque consideran que lo que están defendiendo es tan enormemente justo que las pequeñas o grandes injusticias utilizadas para conseguirlo no le hacen mella. Pero se equivocan, porque faltando a eso mismo que dicen defender, se convierten en lo contrario de lo que pregonan.
Esto se ve también en lo cotidiano, en el trato con personas cercanas
Los hay mal informados y los hay muy bien, demasiado bien, informados.
El festival de bajezas que se ve en política incluye una variedad y profundidad de infamias que es difícil no sentir lástima y asco. Si vienen de gente extraña se supera con más facilidad que si vienen de gente conocida y sobre todo de gente que uno ama o aprecia. Es duro ver que aseguren cosas que saben que son falsas y no les importe hacerlo. Me ha sucedido que al informarle a alguien en privado que lo que ha publicado es falso, me responde que sí lo sabe pero que la situación lo justifica, que eso hacen los otros, o cualquier excusa que deja muy mal parada la dignidad y el respeto por sí mismo y por los demás.
Así, hacen que el mundo sea lo que es.
Porque ya no se trata de confrontar ideas y buscar juntos el mejor camino, sino de destruir al otro, no importa si se miente, se calumnia o se fabrican elementos pasando por encima de la dignidad de las personas y destrozando la propia. Es una verdadera pena ver a qué niveles de bajeza se puede llegar alegremente, como jugando y divirtiéndose dirán algunos, como enterrando lo que nos queda de decencia decimos otros.
Se publican fotos no solo falsas sino también cambiando el contexto, por ejemplo: una multitud reunida para expulsar a un presidente ilegítimo en 2020 se dice que es para apoyar una candidatura en 2021.
Se comparten vídeos demostradamente falsos, incluso antiguos, pero se siguen utilizando a sabiendas o desde la ignorancia.
Se difunden afirmaciones interesadas aunque los propios testigos afirmen lo contrario.
Se repiten términos y palabras hasta vaciarlos de contenido, se tergiversa, se falsifica, se difama... se hace lo más vil para defender lo más noble ¿Es que la verdad necesita de la mentira? ¿Es que la democracia necesita de la tiranía? ¿Es que la justicia se consigue con injusticias? ¿Es que la paz y el amor se imponen con la violencia? Hay democracias que asustan porque no son tales; el abuso y la desigualdad disfrazados nunca serán sino eso mismo: abuso y desigualdad. Democracia es otra cosa, y nunca la hemos tenido.
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